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mano5chi
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Acerca de:El signo de los cuatro [Arthur Conan Doyle]
Ventajas:El gran sentido de la acción y la ulterior caracterización de Holmes
Desventajas:El primer tercio puede hacerse pesado
El hecho de que tenga un nefasto oído musical no impide que pueda apreciar unas pocas características concretas de diversas composiciones.
Del mismo modo, la circunstancia de que sea un negado para las artes plásticas, no dificulta mi comprensión del principio básico que ha de seguirse si se desea pintar un cuadro al óleo. En primer lugar, el artista debe plasmar una mancha de color lo suficientemente rica como para que cualquiera que contemple el cuadro a cierta distancia pueda distinguir inequívocamente la forma general de lo que se pretende pintar, sea un arbusto, una roca o una flor. A continuación, si se considera necesario, se puede comenzar a perfilar dicha mancha, añadiendo detalles, en busca de mayor nitidez.
Este mismo principio “mancha-detalle” puede intuirse en el proceder de Arthur Conan Doyle para la creación de su archiconocido canon holmesiano, al menos en lo que respecta a sus dos primeras etapas. Así, Estudio en Escarlata, primera novela acerca del detective de Baker Street, puede considerarse como una mancha, un trabajo en el que se definían las características más salientes de Sherlock Holmes (gran capacidad deductiva, cierta soberbia, alto sentido de la justicia, etcétera). Mientras que El Signo de los Cuatro, segundo texto acerca de este extraordinario personaje, revela detalles más concretos del carácter de Holmes. Detalles que, si bien resultarán chocantes para el lector no iniciado, son cruciales en la tarea de convertir al detective en un ser ambivalente y, por tanto, terriblemente atractivo. Pero antes de desarrollar un poquito más esta tesis, expondré el argumento de la novela que hoy nos traemos entre manos.

Una bella joven llamada Mary Morstan se presenta en el gabinete de Holmes y Watson en busca de ayuda. Su padre, oficial del ejército británico, desapareció sin dejar rastro diez años atrás. Cuatro años más tarde, la joven comenzó a recibir de forma anónima perlas voluminosas y brillantes de considerable valor, a razón de una por año.
Sin embargo, lo que realmente impulsa a Mary a buscar ayuda es la recepción de una carta, también sin firma, en la que se le indica que vaya a un punto concreto de un teatro con la promesa de que se hará justicia a lo sucedido con su padre.
Antes de que tengan tiempo para darse cuenta de lo que ocurre, Holmes y Watson se verán envueltos en un misterioso caso, plagado de violencia y exotismo, cuyas raíces se encuentran profundamente enterradas en las lejanas tierras de la India.

Como decía un poco más arriba, El Signo de los Cuatro expone una larga serie de vicios, tanto de conducta como de idiosincrasia, asociados a Sherlock Holmes. A saber, la utilización reiterada de una solución inyectable de cocaína bajo una excusa tan frívola como la de combatir el aburrimiento, la exhibición de inamovibles prejuicios misóginos (que han alimentado las sempiternas sospechas acerca de la homosexualidad latente del personaje), el desprecio hacia toda clase de emoción en favor del puro pensamiento racional y una fuerte ideología clasista, aunque en este último punto no estoy del todo seguro de dónde termina la caracterización del personaje y dónde comienza la manera de ser del escritor.
Sin embargo, a pesar de plasmar abiertamente estos defectos, Conan Doyle es capaz de mantener la balanza equilibrada. Y es que la maravillosa eficacia de los métodos de Holmes, la variedad e ingenio de sus recursos, el sincero afecto que siente por su compañero de habitaciones (¡Hum! ¿Recordáis mi anterior paréntesis?) y las simpatías que despierta en ciudadanos de todo Londres, provocan que jamás llegue a caernos mal sino que, lejos de eso, le consideremos un auténtico genio, con todas las consecuencias.

Fuera de estas novedades en la caracterización del protagonista, El Signo de los Cuatro utiliza, con similar maestría, los ingredientes definitorios de Estudio en Escarlata: humor, acción y exposición histórica.
Esta vez, las gotas de comedia no provienen exclusivamente de la ineptitud del agente de Scotland Yard a cargo de la investigación, sino también del desorden mental que muestra el doctor Watson ante la presencia de Mary Morstan. Su paulatino proceso de enamoramiento logrará, con toda seguridad, sacar más de una sonrisa al lector.
Las persecuciones de que fueron objeto John Ferrier, su hija Lucy y el bueno de Jefferson Hope en las montañas que rodean Salt Lake City, se trasladan aquí a Londres, integrándose con toda naturalidad en el caso. El misterio de la joven Mary obliga a Holmes y Watson a perseguir a varios sospechosos por tierra y agua, aportando el necesario toque de acción trepidante que toda buena novela de aventuras debería tener.
Por último, el contexto histórico lejano que se relata en El Signo de los Cuatro corresponde a la Primera Guerra de Independencia de la India de 1857. Sin dar tantos detalles de este conflicto como se daban de las peregrinaciones mormónicas en la novela anterior, la situación de este país del sur de Asia sirve, además de para crear ese exotismo que mencionaba en el argumento, para que contemplemos, como lectores del siglo XXI que somos, el trasnochado pensamiento colonial en toda su esencia. Aborigen siempre será sinónimo de salvaje, de caníbal, de asesino que se vale de sucias artimañas para matar sin rastro de misericordia a cuantos ingleses se crucen en su camino. No es que esta novela se considere el Tintín en el Congo de Conan Doyle, pero resulta, digamos, bastante llamativa.

El punto más bajo del libro, dejando aparte las perennes carencias de su autor en la construcción de un misterio intrincado, verosímil y que involucre al lector en la tarea de resolverlo, lo constituyen sus primeras cincuenta y pico páginas.
Durante este primer tercio se presentan los antecedentes del caso. Sin embargo, este preludio se remonta a tierras tan lejanas y episodios tan remotos de las vidas de varios personajes que calificarlo de pesado se hace inevitable.
Pero no debéis alarmaros en exceso. Una vez que sorteéis ese mar de detalles concretos, esa pléyade de incidentes con mayor o menor impacto sobre la trama posterior; una vez que, en definitiva, alcancéis el quinto o sexto capítulo de la obra, todo irá como la seda. La acción vertiginosa que mencionaba más arriba se adueñará de la narración y os llevará en volandas hasta las páginas finales. Buen viaje.
Fecha:18:48:54 02/10/11
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Categorías:Ocio y cultura